Gentamicina: para qué sirve, dosis y efectos secundarios

La gentamicina es un antibiótico potente y barato que sigue usándose en todo el mundo, pero con una condición que no tienen los antibióticos de la farmacia: exige vigilancia. No existe en pastillas, y hay una buena razón para eso.

La gentamicina es un antibiótico del grupo de los aminoglucósidos que se usa en infecciones graves por bacterias gramnegativas. La forma que actúa en todo el cuerpo se administra inyectada, en el músculo o en la vena, y siempre con supervisión sanitaria. También existen presentaciones de uso local: colirio, pomada oftálmica, crema para la piel y, en algunos países, gotas para el oído.

Lo esencial en 30 segundos

  • No hay gentamicina en pastillas. Prácticamente no se absorbe en el intestino. Si alguien te ofrece «gentamicina oral», es un error o es otro medicamento.
  • Para qué se usa: infecciones graves —sangre, vías urinarias, abdomen, pulmón, hueso, piel, sepsis del recén nacido— casi siempre combinada con otro antibiótico.
  • Los dos riesgos que definen el tratamiento: el riñón (habitualmente reversible) y el oído (habitualmente irreversible).
  • Por eso se limita la duración: lo habitual son 7 a 10 días, y la etiqueta pide expresamente acortarla cuanto sea posible.
  • Avisa de inmediato si aparece: menos orina de lo normal, mareo o inestabilidad al caminar, zumbido de oídos, pérdida de audición, debilidad muscular importante o erupción con dificultad para respirar.

Para qué sirve

La gentamicina actúa sobre bacterias gramnegativas aerobias —Escherichia coli, Proteus, Klebsiella, Enterobacter, Serratia, Citrobacter— y también sobre algunos estafilococos. La etiqueta estadounidense la autoriza en sepsis bacteriana del recén nacido, septicemia e infecciones graves del sistema nervioso central (meningitis), de las vías urinarias, del aparato respiratorio, del tubo digestivo incluida la peritonitis, de la piel, del hueso y de los tejidos blandos, incluidas las quemaduras.

La ficha técnica europea es más restrictiva, y su redacción explica bien la lógica del fármaco: la reserva para infecciones graves cuando los antibióticos menos tóxicos han fracasado, y exige usarla combinada con un betalactámico o un antianaerobio, excepto en las infecciones urinarias complicadas. No es un antibiótico de primera línea para una infección corriente: es una herramienta para cuando hace falta potencia.

Un cambio reciente merece mención. En 2023, el organismo internacional que define los criterios de sensibilidad de los antibióticos (CLSI) revisó los puntos de corte de los aminoglucósidos y eliminó la gentamicina como opción sugerida frente a Pseudomonas aeruginosa. No es que «haya dejado de servir» para todo: es que para esa bacteria concreta las concentraciones alcanzables en el cuerpo no bastan.

Las formas locales tienen su propio terreno. El colirio y la pomada oftálmica al 0,3 % se usan en conjuntivitis, queratitis, úlceras de córnea y blefaritis. La crema al 0,1 % se usa en infecciones de la piel como impétigo, foliculitis y furunculosis. En algunos países existen gotas óticas para la otitis externa.

Cómo funciona

Piensa en una fábrica con máquinas de ensamblaje. La bacteria fabrica sus proteínas en unas estructuras llamadas ribosomas, que leen instrucciones y montan piezas en orden. La gentamicina se pega a esa máquina y la descalibra: las instrucciones se leen mal, las proteínas salen defectuosas y la bacteria muere.

Hay un detalle de este mecanismo que explica todo lo demás del tratamiento. La gentamicina mata en función de lo alta que llegue a ser su concentración, no del tiempo que permanezca presente. Y después de que la concentración baja, sigue frenando a las bacterias un rato más: es lo que se llama efecto postantibiótico prolongado, y la ficha técnica europea lo cita expresamente como justificación del esquema de una sola dosis al día.

De ahí sale una idea que resulta contraintuitiva: para este antibiótico suele ser mejor un pico alto seguido de un valle profundo que una presencia constante y moderada. El pico mata; el valle bajo da al riñón y al oído unas horas de descanso para recuperarse.

Cómo se administra

Las cifras que siguen son información de referencia tomada de las fichas técnicas, no una pauta para aplicar. Quien calcula y decide la dosis es el médico tratante, y con la gentamicina ese cálculo es individual de verdad: depende del peso y de la función renal de cada persona, y se reajusta durante el tratamiento.

  • Esquema clásico en adultos: 3 mg por kilo al día, repartidos en tres dosis cada 8 horas. En infecciones que amenazan la vida, la etiqueta permite hasta 5 mg por kilo al día, con indicación de reducir a 3 en cuanto sea posible.
  • Esquema de una sola dosis diaria: la ficha europea recoge 3 a 6 mg por kilo al día en una única administración, con un máximo de 6 mg por kilo. Es hoy el esquema habitual en infecciones por gramnegativos cuando la función renal es estable.
  • Niños: 6 a 7,5 mg por kilo al día. En recén nacidos, 7,5 mg por kilo al día; en prematuros y recén nacidos de menos de una semana, 5 mg por kilo al día con intervalos de 12 horas, por la inmadurez del riñón.
  • Duración: «7 a 10 días» en ambas fichas. La etiqueta añade una frase inusualmente directa: es deseable limitar el tratamiento con aminoglucósidos al corto plazo.

Existe un tercer escenario en el que la dosis es deliberadamente baja: cuando la gentamicina se añade para reforzar a otro antibiótico frente a bacterias grampositivas, como en algunas endocarditis. Ahí no se buscan picos altos, sino una presencia sostenida, y las dosis son mucho menores. Por eso una cifra de gentamicina en sangre que es correcta en un paciente puede ser inadecuada en otro: el número solo significa algo junto al esquema que se está usando.

Durante el tratamiento, la etiqueta pide algo sencillo y fácil de pasar por alto: mantener una buena hidratación. La deshidratación es uno de los factores que más aumentan el daño renal.

Efectos secundarios

FrecuenciaQué puedes notar
FrecuentesDeterioro de la función renal: aparece en torno al 10 % de los pacientes según la ficha técnica y suele detectarse en el análisis antes de dar síntomas; es generalmente reversible al suspender el fármaco. Alteraciones del equilibrio, mareo o inestabilidad: la ficha las describe como la reacción del oído más frecuente con gentamicina.
Poco frecuentes, pero que se vigilanPérdida de audición, que empieza por los tonos agudos, y zumbido o ruido en los oídos: habitualmente irreversible. Diarrea. Erupción en la piel. Muy raramente, bloqueo de la función nerviosa y muscular.
Señales de alarmaAvisa el mismo día si aparece: disminución clara de la cantidad de orina o dejar de orinar; mareo o vértigo nuevo, inestabilidad al caminar; zumbido de oídos o pérdida de audición; debilidad muscular importante o dificultad para respirar; erupción con picor y dificultad respiratoria (posible reacción alérgica aguda); diarrea intensa. Estos síntomas también cuentan si aparecen justo después de terminar el tratamiento.

Merece la pena detenerse en la asimetría entre los dos órganos, porque es el núcleo de todo. El riñón se recupera: las células del túbulo renal se regeneran, y por eso la ficha describe el daño renal como «generalmente reversible». El oído no: las células ciliadas que detectan el sonido y el equilibrio no se regeneran en los mamíferos, y el recuadro de advertencia de la FDA lo dice sin rodeos: la ototoxicidad por aminoglucósidos «es habitualmente irreversible».

Esa es exactamente la razón por la que un mareo nuevo o un zumbido de oídos durante el tratamiento no es una molestia que se aguanta hasta el alta: es un dato que cambia decisiones.

Quién no debe recibirla

  • Alergia a la gentamicina, a otros aminoglucósidos o a los excipientes. La etiqueta advierte que una reacción tóxica grave previa a otro aminoglucósido también puede contraindicarla, por sensibilidad cruzada.
  • Miastenia gravis: contraindicación formal en la ficha europea, porque el efecto del fármaco sobre la unión entre nervio y músculo puede agravar la debilidad.

Además exige precaución especial —no prohibición, pero sí ajuste y vigilancia— en insuficiencia renal, en personas mayores, en deshidratación o shock, en recén nacidos y prematuros, y en quienes ya tienen daño auditivo o del equilibrio.

Hay un grupo que conviene conocer porque rompe la lógica de la dosis. Algunas personas tienen variantes en el ADN de sus mitocondrias —la más estudiada se denomina m.1555A>G— que hacen que sus ribosomas se parezcan más a los bacterianos. La ficha técnica europea recoge este mayor riesgo de ototoxicidad y precisa que existe incluso dentro de los límites terapéuticos recomendados. Una guía internacional de farmacogenética va más lejos y documenta casos en que una sola dosis causó sordera profunda bilateral en portadores. Si en tu familia hay antecedentes de sordera tras recibir un antibiótico inyectado, es un dato importante que debes mencionar.

En embarazo, la gentamicina atraviesa la placenta y las concentraciones en el feto pueden alcanzar el 30 % de las maternas. Existen casos publicados de sordera congénita irreversible con estreptomicina, otro aminoglucósido; para la gentamicina el daño fetal en humanos no está establecido, y la postura de las agencias es de precaución por riesgo de clase: la ficha europea indica no usarla salvo en una indicación que ponga en peligro la vida y sin alternativas. En lactancia se excreta en leche en bajas concentraciones; los efectos descritos en el lactante son diarrea e infección por hongos. En ambos casos la decisión es individual y la toma el equipo que trata.

Interacciones importantes

  • Diuréticos potentes como la furosemida o el ácido etacrínico: la etiqueta dice que deben evitarse. Son otóxicos por sí mismos y además aumentan la concentración de gentamicina en sangre y tejidos.
  • Otros fármacos que dañan el riñón o el oído: otros aminoglucósidos, vancomicina, anfotericina B, colistina, ciclosporina, cisplatino, polimixinas, cefalotina. Con el cisplatino la ficha advierte que la toxicidad renal puede persistir 3 a 4 semanas después.
  • Anestésicos y relajantes musculares: refuerzan el bloqueo entre nervio y músculo, con riesgo de parálisis respiratoria. Es fundamental que el equipo de anestesia sepa que recibes gentamicina.
  • No se mezcla en la misma jeringa o bolsa con betalactámicos, eritromicina, diazepam, furosemida, flecainida ni heparina. Esto es importante y se malinterpreta a menudo: es una incompatibilidad química, no clínica. La gentamicina sí se usa junto con betalactámicos —de hecho la ficha europea lo exige—, pero administrados por separado.

Preguntas frecuentes

¿Por qué no existe en pastillas?

Porque su molécula prácticamente no se absorbe en el tubo digestivo: tomada por boca no llegaría a la sangre en cantidad útil. Esa es la razón de que solo exista inyectada para el uso general, y de que las presentaciones en crema, colirio o gotas actúen solo donde se aplican.

¿Me la pueden poner en casa?

La administración de gentamicina inyectada requiere cálculo individual, control de la función renal y con frecuencia medición de niveles en sangre. Eso implica un centro de salud, un hospital o un programa de hospitalización domiciliaria con supervisión profesional. No es un antibiótico que se inicie, ajuste o suspenda por cuenta propia, ni que convenga aplicar sin ese seguimiento.

¿La crema de gentamicina tiene los mismos riesgos?

No en la misma medida. Con el uso tópico habitual no se esperan efectos tóxicos generales, porque la absorción es baja. Dicho eso, una ficha técnica europea de una combinación con corticoide advierte que esa absorción aumenta si se tratan zonas amplias, durante periodos prolongados o sobre piel lesionada. Y el uso prolongado de cualquier antibiótico en la piel favorece el sobrecrecimiento de gérmenes no sensibles, incluidos hongos.

¿Puedo usar el colirio de gentamicina en el oído, o al revés?

No intercambies presentaciones por tu cuenta. Los productos oftálmicos y óticos tienen formulaciones y concentraciones distintas, y en el caso del oído hay una precaución concreta: si el tímpano está perforado o se sospecha que lo está, aplicar gentamicina en el oído puede llevarla directamente al oído medio e interno. Las fichas de las combinaciones óticas lo recogen como contraindicación.

Terminé el tratamiento y estoy mareado. ¿Tiene que ver?

Puede tenerlo, y es un punto que el recuadro de advertencia de la FDA señala expresamente: en ocasiones los cambios en la función del riñón y del nervio auditivo «no se manifiestan hasta poco después de completar la terapia». Terminar el tratamiento no cierra la ventana de vigilancia. Comunica cualquier mareo, inestabilidad, zumbido o pérdida de audición nuevos, aunque ya te hayan dado el alta.


Sigue leyendo sobre gentamicina: cómo se ajusta según la función del riñón, por qué se vigila la audición, qué controles acompañan al tratamiento, en qué se diferencia de la amikacina y con qué marcas se vende en Latinoamérica.

Escrito y revisado por el Dr. Jorge Enrique Rojas Rodríguez
Médico internista · Epidemiología clínica y bioestadística ·
Revisado el 30 de septiembre de 2026.

Esta información es educativa y no sustituye la consulta con tu médico. No inicies, suspendas ni cambies la dosis de ningún medicamento por tu cuenta.

Referencias