Gentamicina y oído: por qué se vigila la audición

De todos los efectos adversos de la gentamicina, este es el que no perdona. El riñón se recupera; el oído, en general, no. Y el primer aviso casi nunca es la sordera: es el equilibrio.

La gentamicina puede dañar las células del oído interno que detectan el sonido y el equilibrio, y ese daño es habitualmente irreversible: así lo dice el recuadro de advertencia de la FDA. Por eso se vigila durante el tratamiento y también después, y por eso cualquier mareo, inestabilidad o zumbido nuevo se comunica de inmediato.

En 30 segundos

  • Dos daños distintos: el del equilibrio (mareo, inestabilidad al caminar) y el de la audición (pérdida de tonos agudos, zumbidos).
  • Con gentamicina, el del equilibrio es el más frecuente según la ficha técnica europea.
  • Es habitualmente irreversible, porque las células ciliadas del oído no se regeneran en los mamíferos.
  • Puede manifestarse después de terminar el tratamiento. La vigilancia no acaba con el alta.

Dos oídos dentro del oído

El oído interno aloja dos sistemas distintos que comparten paredes y células parecidas. Uno es el caracol u órgano de Corti, que convierte el sonido en señal nerviosa. El otro es el sistema vestibular, un conjunto de conductos y bolsas llenos de líquido que informan al cerebro de la posición y el movimiento de la cabeza. Los dos funcionan con el mismo tipo de célula: las células ciliadas.

La gentamicina entra en esas células a través de los propios canales que usan para detectar el movimiento de sus filamentos. Una vez dentro, altera las mitocondrias, genera radicales libres y desencadena la muerte celular. Y ahí está el problema de fondo: las células ciliadas de los mamíferos no se regeneran. Lo que se pierde, no vuelve.

El recuadro de advertencia de la FDA lo resume en una frase: la ototoxicidad por aminoglucósidos «es habitualmente irreversible». La ficha europea habla de «pérdida de audición irreversible y sordera». No es lenguaje alarmista: es exactamente por esto por lo que este antibiótico se usa el menor tiempo posible.

Qué se nota primero

Aquí hay un dato que sorprende a mucha gente y que conviene conocer. Con la gentamicina, la ficha técnica europea señala que el daño vestibular —el del equilibrio— es «la reacción otóxica más frecuente». Los síntomas típicos no suenan a «oído» en absoluto:

  • Mareo o vértigo nuevo.
  • Inestabilidad al caminar, sensación de ir «como en un barco».
  • Desequilibrio que empeora en la oscuridad o con los ojos cerrados.
  • Sensación de que el entorno oscila al mover la cabeza —se llama oscilopsia—, por ejemplo al leer un cartel caminando.

El daño auditivo sigue otro patrón. Empieza por las frecuencias más agudas, que son las que menos se usan en la conversación cotidiana, así que puede pasar inadvertido un tiempo. La ficha europea lo describe como «disminución de la agudeza de los tonos agudos» que puede progresar. El otro síntoma frecuente es el acúfeno: zumbido, pitido o ruido en los oídos, que la etiqueta de la FDA menciona como «roaring in the ears», un rugido.

Una revisión científica de 2018 aporta un matiz importante: la afectación del equilibrio está gravemente subnotificada, porque casi nadie hace pruebas vestibulares de rutina mientras la audiometría sí se hace. Los pacientes suelen referir problemas de equilibrio y zumbidos antes de percibir pérdida de audición. Esa misma revisión recoge frecuencias muy variables entre estudios, con hipoacusia hasta en un 20-50 % de los tratados y alteración vestibular hasta en un 60 % de los ciclos de tratamiento. Son rangos amplios, medidos en poblaciones distintas y con criterios distintos, pero dan idea de que no se trata de una rareza.

Por qué la vigilancia no termina con el alta

Este es probablemente el dato más práctico de todo el artículo, y está escrito en el recuadro de advertencia de la FDA: en ocasiones los cambios en la función del riñón y del octavo nervio craneal «no se manifiestan hasta poco después de completar la terapia».

Traducido: si te dieron el alta el viernes y el lunes notas que caminas raro, que te marea girar la cabeza o que oyes un pitido nuevo, eso sí puede estar relacionado y merece una consulta. No lo atribuyas al cansancio de la hospitalización sin decirlo.

Lo que la etiqueta pide mientras dura el tratamiento es vigilar la función renal y la del nervio auditivo, y obtener audiometrías seriadas —no una sola— en pacientes con edad suficiente para colaborar con la prueba, en especial los de alto riesgo. La ficha europea añade evaluación regular de la función auditiva, vestibular y renal, con vigilancia reforzada en quienes ya tenían daño auditivo previo o reciben tratamientos prolongados.

La misma etiqueta reconoce, sin decirlo expresamente, una limitación real: la coletilla «en pacientes con edad suficiente para ser evaluados» admite que en un recén nacido o un lactante pequeño la ototoxicidad no puede detectarse con audiometría convencional. Es una de las razones por las que el uso en neonatos, donde además la gentamicina está indicada para la sepsis, se maneja con especial cuidado.

El factor genético que rompe la regla de la dosis

Normalmente el riesgo depende de la dosis y del tiempo. Hay un grupo de personas en las que no.

Algunas variantes del ADN mitocondrial —la más conocida se denomina m.1555A>G— hacen que los ribosomas de las mitocondrias se parezcan más a los de las bacterias, de modo que el antibiótico se une a ellos con más afinidad. La ficha técnica europea recoge este mayor riesgo y añade una precisión decisiva: existe incluso dentro de los límites terapéuticos recomendados.

Una guía internacional de farmacogenética publicada en 2021 clasifica tres variantes con evidencia suficiente para actuar (m.1555A>G, m.1494C>T y m.1095T>C), recomienda con fuerza evitar los aminoglucósidos en portadores salvo que la gravedad de la infección y la falta de alternativas lo justifiquen, y documenta algo que conviene saber: hay casos descritos en que una sola dosis causó sordera bilateral profunda.

Estas variantes se heredan por vía materna. Si en tu familia —sobre todo por la línea de tu madre— alguien quedó sordo tras recibir un antibiótico inyectado, ese antecedente es información clínica valiosa y debe mencionarse antes de iniciar el tratamiento. No existe una obligación regulatoria de hacer una prueba genética antes de administrar gentamicina, y su disponibilidad varía mucho entre países, pero el antecedente familiar sí cambia decisiones.

Preguntas frecuentes

Si aparece un zumbido, ¿se quita al suspender el antibiótico?

No se puede prometer. El daño auditivo por aminoglucósidos es habitualmente irreversible, así que suspender a tiempo sirve sobre todo para evitar que progrese, no para revertir lo ya ocurrido. Eso es precisamente lo que convierte el síntoma en urgente: cada día adicional de exposición añade daño permanente. La decisión de suspender o cambiar el antibiótico la toma el equipo médico, y para eso necesita que le avises.

Me marea, pero estoy con fiebre e infección. ¿Cómo sé si es el antibiótico?

No lo sabes tú, y tampoco hace falta: el mareo durante una infección grave puede tener muchas causas —fiebre, deshidratación, presión baja, reposo prolongado— y distinguirlas es trabajo del equipo que te atiende. Tu tarea es informarlo. Un dato que ayuda a orientar: el mareo de origen vestibular suele empeorar al mover la cabeza y en la oscuridad, y cuesta mantener el equilibrio con los ojos cerrados.

¿Las gotas óticas de gentamicina pueden dañar la audición?

Existe una precaución concreta y bien establecida: las fichas de las combinaciones óticas con gentamicina contraindican su uso cuando el tímpano está perforado o se sospecha que lo está, porque el fármaco podría alcanzar el oído medio e interno directamente. Por eso no se usan gotas óticas por cuenta propia ante un dolor de oído: alguien tiene que mirar el tímpano primero.


Para el panorama completo, aquí está la guía de gentamicina: para qué sirve, dosis y efectos secundarios. Y si te interesa otro antibiótico con un efecto adverso poco conocido y potencialmente duradero, lee levofloxacino y tendones: el efecto adverso que se subestima.

Escrito y revisado por el Dr. Jorge Enrique Rojas Rodríguez
Médico internista · Epidemiología clínica y bioestadística ·
Revisado el 30 de septiembre de 2026.

Esta información es educativa y no sustituye la consulta con tu médico. No inicies, suspendas ni cambies la dosis de ningún medicamento por tu cuenta.

Referencias

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