Fosfomicina en el embarazo: qué dice la evidencia sobre su seguridad

Las infecciones urinarias son frecuentes en el embarazo y tratarlas importa. Pero la pregunta de si la fosfomicina es la opción adecuada no tiene una respuesta tan redonda como suele presentarse, y conviene conocer los matices.

Los datos disponibles sobre fosfomicina en el embarazo son limitados pero no alarmantes: no se han observado señales de efecto teratogénico. Aun así, la ficha técnica indica usarla solo si es estrictamente necesario, y las guías de obstetricia y de infectología no coinciden del todo. La decisión corresponde a tu médico.

En 30 segundos

  • La ficha europea recoge 152 exposiciones documentadas en el primer trimestre. Es una base pequeña: «no revela signos de potencial teratogénico» no es lo mismo que «es seguro».
  • La fosfomicina atraviesa la placenta, según la propia ficha técnica.
  • La guía del ACOG (obstetricia, 2023) la menciona expresamente como opción de dosis única; la guía de la IDSA (infectología, 2019) es más cauta y señala que faltan datos sobre desenlaces importantes.
  • Nunca te automediques una infección urinaria estando embarazada, ni siquiera con un antibiótico que te sobrara de otra ocasión.

Qué dicen exactamente las fichas técnicas

La ficha europea es la más informativa de las dos, y conviene leerla con calma porque cada palabra cuenta. Dice que los datos disponibles sobre seguridad durante el primer trimestre son limitados, que corresponden a 152 embarazos, que por el momento no revelan signos de potencial teratogénico, y que la fosfomicina atraviesa la placenta. Concluye que solo debe utilizarse durante el embarazo si es estrictamente necesario.

Ciento cincuenta y dos embarazos es una cifra pequeña en términos de seguridad farmacológica. Con esa muestra se pueden descartar efectos muy frecuentes, pero no efectos poco frecuentes. Por eso la redacción es «no revela signos» y no «es seguro»: son cosas distintas, y el matiz no es burocrático.

La ficha estadounidense añade el lado animal: en ratas y conejos, con dosis muy superiores a las humanas, no se observaron efectos teratogénicos; en conejos hubo fetotoxicidad, pero solo con dosis que ya resultaban tóxicas para la madre. Históricamente la FDA clasificó la fosfomicina en la categoría B de riesgo en el embarazo, una etiqueta que el propio sistema estadounidense ya no utiliza. Su texto actual es el clásico: no hay estudios adecuados y bien controlados en embarazadas, y el fármaco debe usarse durante el embarazo solo si es claramente necesario.

Por qué sí hay que tratar las infecciones urinarias en el embarazo

Conviene poner el otro platillo de la balanza, porque el miedo a los medicamentos a veces lleva a un riesgo mayor: no tratar.

En el embarazo se recomienda buscar y tratar incluso la bacteriuria asintomática, es decir, la presencia de bacterias en la orina sin ningún síntoma. Fuera del embarazo eso normalmente no se trata; dentro sí, porque puede progresar a una infección del riñón y asociarse a complicaciones. La guía de la IDSA de 2019 lo recomienda de forma expresa y con recomendación fuerte, y el ACOG indica hacer un urocultivo de cribado en una visita temprana del control prenatal.

Así que la pregunta clínica nunca es «tratar o no tratar», sino con qué antibiótico y durante cuántos días.

Ahí es donde las guías no coinciden

Esta es la parte que rara vez se cuenta, y es la más útil.

El ACOG, la sociedad estadounidense de obstetricia, publicó en 2023 un consenso sobre infecciones urinarias en el embarazo. Recomienda con carácter general pautas de 5 a 7 días, pero menciona la fosfomicina como excepción expresa: señala que ha mostrado buena eficacia como tratamiento de dosis única tanto para la bacteriuria asintomática como para la cistitis aguda sintomática.

La IDSA, la sociedad estadounidense de enfermedades infecciosas, es más reservada en su guía de 2019. Sugiere tratamientos de 4 a 7 días frente a pautas más cortas —con recomendación débil y evidencia de baja calidad— y advierte de que la evaluación clínica de la fosfomicina en el embarazo es limitada, y que desenlaces como la pielonefritis o el parto prematuro no están bien estudiados para esta pauta.

Ninguna de las dos está equivocada: miran el mismo problema desde ángulos distintos. La obstetricia valora mucho que una dosis única se cumpla siempre, y el cumplimiento es un problema real con las pautas de una semana. La infectología pone el foco en que los desenlaces que de verdad importan en el embarazo no se han medido lo suficiente. Por eso no presentamos aquí la fosfomicina en el embarazo como un consenso: no lo es.

Un apunte adicional: la guía internacional de cistitis de 2010, la más citada para infecciones urinarias no complicadas, excluye expresamente a las embarazadas de su alcance. No sirve como respaldo en este contexto.

Lactancia y señales de alarma

Sobre la lactancia, las dos agencias tampoco coinciden. La ficha europea indica que la fosfomicina se excreta en leche materna en cantidades bajas y que, si es estrictamente necesario, puede utilizarse una única dosis oral durante la lactancia. La ficha estadounidense es más conservadora: señala que no se sabe si se excreta en leche humana y deja la decisión abierta.

Acude a urgencias hoy mismo, embarazada o no, si aparece fiebre con escalofríos, dolor en la espalda a la altura de los riñones, náuseas y vómitos, o si te sientes muy mal en general: ese cuadro sugiere que la infección ha llegado al riñón, y en el embarazo se considera una urgencia. También si notas contracciones, sangrado o pérdida de líquido.

Y una advertencia que en este contexto vale doble: no te automediques. Estando embarazada, una infección urinaria necesita urocultivo y una elección de antibiótico hecha por tu médico. Un sobre que te sobró de otra ocasión, o el que le funcionó a una amiga, no es una decisión informada.

Preguntas frecuentes

Tomé fosfomicina sin saber que estaba embarazada. ¿Qué hago?

Comentárselo a tu médico en la próxima visita es lo que corresponde, y hacerlo sin alarma. Los datos disponibles sobre el primer trimestre, aunque limitados, no han mostrado señales de efecto teratogénico, y los estudios en animales con dosis muy superiores tampoco. Tu médico valorará si procede algún seguimiento.

¿Es más segura la fosfomicina que la nitrofurantoína en el embarazo?

No es una comparación que se pueda zanjar en una frase, y depende del trimestre. Lo que sí está claro en la ficha técnica es que la nitrofurantoína está contraindicada a término, entre las semanas 38 y 42, durante el parto o si el parto es inminente. Fuera de esa ventana la elección depende de varios factores, y es una decisión médica.

Si no tengo síntomas pero el urocultivo salió positivo, ¿hay que tratarlo?

En el embarazo, sí: tanto la IDSA como el ACOG recomiendan cribar y tratar la bacteriuria asintomática, precisamente porque puede progresar. Es una de las pocas situaciones en las que se trata una bacteriuria sin síntomas. Qué antibiótico y cuántos días lo decide tu médico según el resultado del cultivo.


Sigue leyendo: la ficha completa de la fosfomicina y, para comparar, la ficha de la nitrofurantoína.

Escrito y revisado por el Dr. Jorge Enrique Rojas Rodríguez
Médico internista · Epidemiología clínica y bioestadística ·
Revisado el 24 de septiembre de 2026.

Esta información es educativa y no sustituye la consulta con tu médico. No inicies, suspendas ni cambies la dosis de ningún medicamento por tu cuenta.

Referencias

  • Ficha técnica de Monurol 3 g granulado para solución oral, apartado 4.6. AEMPS, CIMA. cima.aemps.es
  • MONUROL (fosfomycin tromethamine) — Full Prescribing Information. U.S. Food and Drug Administration. accessdata.fda.gov
  • Nicolle LE, Gupta K, Bradley SF, et al. Clinical Practice Guideline for the Management of Asymptomatic Bacteriuria. Infectious Diseases Society of America, 2019. idsociety.org
  • Urinary Tract Infections in Pregnant Individuals. Clinical Consensus No. 4. American College of Obstetricians and Gynecologists, 2023. acog.org
  • Fosfomycin — Article 31 referral, Annex III. European Medicines Agency, 2020. ema.europa.eu
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