Paroxetina: para qué sirve, dosis y efectos secundarios

La paroxetina es uno de los antidepresivos más eficaces de su familia y, a la vez, el más difícil de dejar. Entender las dos cosas desde el principio cambia por completo la experiencia de tomarla. Esto es lo que conviene saber antes de la primera pastilla y durante todo el tratamiento.

La paroxetina es un antidepresivo del grupo de los ISRS. Se usa para la depresión y para varios trastornos de ansiedad: pánico, ansiedad social, ansiedad generalizada y trastorno obsesivo-compulsivo. Se toma una vez al día, normalmente por la mañana, y la dosis habitual de inicio en adultos es de 20 mg.

Lo esencial en 30 segundos

  • Aumenta la serotonina disponible entre las neuronas. No es un calmante: tarda semanas en hacer efecto y no se toma «cuando hace falta».
  • Sirve para la depresión y para los trastornos de ansiedad. La dosis cambia según el diagnóstico: la del trastorno obsesivo-compulsivo es más alta que la de la depresión.
  • Dosis de referencia: 20 mg al día para empezar en la mayoría de los casos, con un máximo que va de 40 a 60 mg según la indicación y la edad. La define tu médico.
  • Nunca se suspende de golpe. Es la paroxetina la que peores síntomas de retirada da de todos los ISRS, y la reducción se planifica a lo largo de semanas o meses.
  • Efectos más habituales: náuseas y cambios en la función sexual, que son muy frecuentes, además de somnolencia, sudoración y aumento de peso.

Para qué sirve

La paroxetina tiene más indicaciones aprobadas que casi cualquier otro antidepresivo, y todas ellas comparten un rasgo: son cuadros en los que el circuito de la serotonina está implicado.

  • Episodio depresivo mayor. Su indicación original y la más frecuente.
  • Trastorno obsesivo-compulsivo. Aquí suelen hacer falta dosis más altas y más tiempo para ver la respuesta.
  • Trastorno de pánico, con o sin agorafobia. Se empieza con dosis muy bajas, de 10 mg, porque al principio puede aumentar la ansiedad.
  • Trastorno de ansiedad social (fobia social) y trastorno de ansiedad generalizada.
  • Trastorno de estrés postraumático, indicación aprobada en Estados Unidos.

Hay un uso que queda fuera: no debe usarse en menores de 18 años. Y una precisión sobre expectativas. La mejoría suele empezar a notarse después de la primera semana y puede no ser evidente hasta la segunda o la tercera. La dosis se revisa a las tres o cuatro semanas, y cuando funciona se mantiene al menos seis meses. Abandonarla a los diez días porque «no hace nada» es el error más común y el que más recaídas provoca.

Cómo funciona

Imagina dos neuronas que se hablan lanzándose mensajeros químicos por un hueco diminuto. Una lanza serotonina, la otra la recibe. Para que el sistema no se sature, la neurona emisora tiene una especie de aspiradora que recoge la serotonina sobrante y la guarda para reutilizarla.

La paroxetina tapa esa aspiradora. El resultado es que la serotonina se queda más tiempo en el hueco y el mensaje llega con más fuerza y durante más rato. Eso explica el nombre del grupo: inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina.

Pero ahí aparece la gran paradoja de estos medicamentos: la aspiradora se tapa en el primer día, y el efecto clínico tarda semanas. La explicación más aceptada es que el cambio real no es tener más serotonina suelta, sino que el cerebro se reorganiza poco a poco ante esa nueva situación: ajusta el número de receptores y modifica circuitos. Ese proceso lleva tiempo, y es la razón por la que las dos primeras semanas suelen traer efectos secundarios sin beneficio todavía. Es la fase que hay que atravesar, no la señal de que el medicamento no sirve.

Esa misma reorganización explica el otro extremo. Cuando el cerebro ya se ha adaptado a funcionar con la aspiradora tapada, destaparla de golpe lo deja descompensado. De ahí los síntomas de retirada, y de ahí que la paroxetina se reduzca despacio.

Cómo se toma

Lo que sigue son rangos de referencia para que entiendas tu receta. Quien define tu dosis es tu médico tratante, y no debe cambiarse por cuenta propia.

IndicaciónDosis de inicioDosis habitualMáximo
Depresión20 mg20 mg50 mg
Trastorno obsesivo-compulsivo20 mg40 mg60 mg
Trastorno de pánico10 mg40 mg60 mg
Ansiedad social20 mg20 mg50 mg
Ansiedad generalizada20 mg20 mg50 mg

Las subidas de dosis se hacen de 10 en 10 mg y con al menos una semana de separación. En personas mayores el máximo no debe pasar de 40 mg al día, y lo habitual es empezar por 10 mg. Lo mismo ocurre si hay insuficiencia renal grave o enfermedad del hígado: se usa la parte baja del rango.

En la práctica diaria: una vez al día, por la mañana y con algo de comida, que es lo que mejor tolera el estómago. Si te da somnolencia marcada, es una de las pocas situaciones en las que puede plantearse pasarla a la noche, pero eso se decide en consulta. A la misma hora cada día, porque la paroxetina dura poco en el cuerpo y los horarios erráticos se notan.

Si olvidas una dosis, tómala en cuanto te acuerdes el mismo día; si ya es casi la hora de la siguiente, sáltala y sigue el horario normal. No tomes dos juntas. Con la paroxetina, dos o tres olvidos seguidos pueden bastar para notar síntomas de retirada, así que merece la pena usar una alarma.

Efectos secundarios

Dos efectos figuran como muy frecuentes en la ficha técnica, lo que significa que afectan a más de uno de cada diez pacientes: las náuseas y los cambios en la función sexual. Las náuseas suelen ceder en una o dos semanas. Los cambios sexuales no suelen ceder solos, y conviene saberlo de antemano porque es el efecto que más abandono silencioso provoca.

FrecuenciaQué puedes notar
FrecuentesNáuseas, somnolencia o insomnio, agitación o inquietud al principio, menos apetito, mareo, temblor fino de manos, visión borrosa, boca seca, estreñimiento o diarrea, sudoración abundante, cansancio, aumento de peso y dificultades en el deseo o el orgasmo.
Poco frecuentesTaquicardia, dilatación de la pupila, moretones o sangrados fáciles, retención de orina, erupción en la piel, aumento del colesterol, confusión.
Señales de alarmaBusca atención médica hoy mismo si aparecen: pensamientos de hacerte daño o de quitarte la vida, o un empeoramiento brusco del ánimo; agitación intensa con fiebre, temblor fuerte, rigidez, sudoración profusa, diarrea y confusión (posible síndrome serotoninérgico); convulsiones; vómito con sangre o heces negras; dolor de ojo con enrojecimiento y visión borrosa brusca (posible glaucoma agudo); confusión, somnolencia extrema o debilidad marcada en una persona mayor (posible sodio bajo); erupción extensa con ampollas o hinchazón de labios y lengua.

Hay un aviso destacado que acompaña a todos los antidepresivos y que conviene entender bien, no temer a ciegas: en pacientes menores de 25 años, los estudios encontraron un aumento de pensamientos y conductas suicidas al inicio del tratamiento. No significa que el medicamento cause depresión; significa que las primeras semanas y los cambios de dosis requieren un seguimiento estrecho, y que la familia debe saber qué vigilar. Si en ese periodo aparecen ideas de muerte, agitación inusual o un cambio brusco de conducta, es motivo de consulta inmediata.

Quién no debe tomarla

  • Quien toma o ha tomado hace poco un IMAO (un tipo antiguo de antidepresivo). Hay que dejar pasar dos semanas tras un IMAO irreversible, y al menos una semana entre la paroxetina y el inicio de un IMAO.
  • Quien toma tioridazina o pimozida, por riesgo de alteraciones del ritmo del corazón.
  • Menores de 18 años.
  • Quien tiene alergia conocida a la paroxetina o a los excipientes del comprimido.

Y hay situaciones que no lo prohíben pero exigen una conversación previa: embarazo o planes de embarazo, porque la exposición en el primer trimestre se asocia a un ligero aumento de malformaciones cardiacas; lactancia, porque pasa en pequeñas cantidades a la leche; glaucoma de ángulo cerrado; antecedentes de convulsiones o de manía; y el uso de anticoagulantes o antiinflamatorios, porque la paroxetina aumenta por su cuenta la tendencia al sangrado.

Interacciones importantes

La paroxetina es un inhibidor potente del CYP2D6, una enzima del hígado que metaboliza muchos medicamentos. Eso la convierte en uno de los antidepresivos con más interacciones:

  • Tamoxifeno. Es la interacción más relevante y la menos conocida. El tamoxifeno necesita el CYP2D6 para activarse, y la paroxetina lo bloquea de forma duradera, con lo que puede reducir su eficacia. En mujeres que toman tamoxifeno se recomienda elegir otro antidepresivo.
  • Otros fármacos que suben de nivel: antidepresivos tricíclicos como la clomipramina o la nortriptilina, risperidona, atomoxetina, propafenona, flecainida y metoprolol, que no se recomienda si hay insuficiencia cardiaca.
  • Medicamentos serotoninérgicos, por riesgo de síndrome serotoninérgico: triptanes para la migraña, tramadol, linezolid, litio, otros antidepresivos y la hierba de San Juan.
  • Anticoagulantes, aspirina y antiinflamatorios: la combinación aumenta el riesgo de hemorragia, sobre todo digestiva.
  • Alcohol: se aconseja evitarlo, por la somnolencia y por el efecto sobre el ánimo.

La consecuencia práctica es sencilla: lleva la lista completa de lo que tomas, suplementos y plantas incluidos, a cada consulta nueva, y pregunta antes de añadir cualquier cosa, incluso algo de venta libre para la migraña o el dolor.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tarda la paroxetina en hacer efecto?

La mejoría puede empezar tras la primera semana, pero a menudo no es evidente hasta la segunda o la tercera. Lo habitual es revisar la respuesta a las tres o cuatro semanas. El sueño y el apetito suelen arreglarse antes que el ánimo, así que esos son los primeros indicios de que algo se mueve.

¿La paroxetina crea adicción?

No en el sentido estricto: no produce búsqueda compulsiva ni necesidad de dosis cada vez mayores, que es lo que define una adicción. Sí produce dependencia física, que es otra cosa: el cuerpo se adapta a ella y protesta si desaparece de golpe. Esa confusión entre adicción y síntomas de retirada hace que mucha gente la deje de golpe para «demostrar» que no es adicta, y el resultado es justo el malestar que temía.

¿Engorda?

El aumento de peso figura como efecto frecuente, y entre los ISRS la paroxetina es la que más se asocia a este efecto en los estudios a largo plazo. Las cifras medias son modestas, de unos pocos kilos en seis meses, pero varían mucho de una persona a otra. Es un motivo legítimo para hablar de alternativas, no para abandonar el tratamiento sin avisar.

¿Puedo tomar alcohol?

La recomendación oficial es evitarlo. No hay una interacción peligrosa inmediata, pero el alcohol suma somnolencia y torpeza, empeora el ánimo y el sueño a medio plazo, y puede enmascarar si el tratamiento está funcionando. Si bebes de forma habitual, merece la pena decirlo en consulta sin rodeos: cambia el plan.

¿Tendré que tomarla toda la vida?

No necesariamente. En un primer episodio, lo habitual es mantener el tratamiento al menos seis meses después de la mejoría, para reducir el riesgo de recaída. Con episodios repetidos, los plazos se alargan. La decisión de retirarla se toma en un buen momento vital, nunca en medio de una crisis, y siempre con una pauta de reducción gradual diseñada por tu médico.


Sigue leyendo: qué dice la evidencia sobre su uso en el embarazo, por qué se asocia al aumento de peso, cómo se retira sin síntomas de rebote, en qué se diferencia de la sertralina y con qué nombres se vende en Latinoamérica.

Escrito y revisado por el Dr. Jorge Enrique Rojas Rodríguez
Médico internista · Epidemiología clínica y bioestadística ·
Revisado el 26 de octubre de 2026.

Esta información es educativa y no sustituye la consulta con tu médico. No inicies, suspendas ni cambies la dosis de ningún medicamento por tu cuenta.

Referencias

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